miércoles, 8 de octubre de 2008

Telemovil-una rubia debilidad-

Te cuento: Vicky es una flaca del la oficina, un poco más chica que yo-tengo 39- Ya fue secretaria de diferentes gerentes de cada vez más alto rango. Su ascenso fue inversamente proporcional al tamaño de sus faldas.

No es especialmente linda, tiene cara de pícara, de conocer cómo es la cosa, de saber de sus limitaciones intelectuales y suplirlas por una actitud de constante seducción.

Sí tiene un cuerpo inolvidable, que, de acuerdo como viene vestida, te deja grogui para el resto del día, es un boxeador que tiene una piña de nocaut y la guarda para cuando quiere. Cualquier mina de las tapas de las revistas mataría por tener su cuerpo, unas piernas que sabés donde empiezan pero no dónde terminan, unos pechos erguidos ante los vaivenes diarios, un movimiento que envidiaría mi gato. -pasame un mate-

Conmigo tiene una onda especial, siempre me pareció que yo le gustaba. Las miradas, nuestras charlas con doble sentido, nunca muy largas pero sugerentes. Obvio que le tiré los galgos varias veces, pero nada, siempre me sonreía y me cambiaba de tema. Claro, si bien yo le caía simpático no era económicamente interesante para sus planes.

Se le adjudicaban en el rumor laboral varios romances, generalmente con el jefe de turno. En estos tiempos, obvio, se acostaba con el actual, un hombre de más de cincuenta, casado, que desde un tiempo a esta parte había cambiado el look por uno un tanto mas canchero y otro tanto más grande, ridículo.

Casualmente ese viernes, previo al fin de semana en que su actual mecenas se tenía que ir a una convención de la firma, y a la que estaban invitadas las esposas, ella decidió aceptar mi invitación a tomar algo. Claro que no me quiso dar su número de celular, me pidió el mío- yo no tengo teléfono de línea- prometiendo llamarme el viernes a la noche o el sábado, dependiendo se ve de cuándo se iba el tipo. La idea era salir ese sábado a la noche- ¿tenés un faso? ¿No? Que garrón-

Yo llegué a casa el viernes tipo 19 horas. Después de salir de la oficina fui a comprar al super, incluí un buen whisky y un par de champagnes- todo un gasto para mí- por si lograba llevar a casa a Vicky al día siguiente. Siempre fui optimista. –volví a fumar acá, un boludo-

Quería compensar tal vez con buenas bebidas el aspecto precario del departamento alquilado en que vivo- ¿vivía?- de un ambiente sobre Salta, primer piso a la calle, muy ruidoso. Igual yo tenía claro que ella aprovechaba este fin de semana de libertad para divertirse ya que los lugares lujosos los tenía con sus novios o amantes de turno. Y yo era el que la podía divertir, sin dudas.

El resto del viernes lo transité escuchando música, tomando un par de vasos de whisky, comiendo algo, y, más que nada, esperando el llamado de El Cuerpo, con una ansiedad extrema denotada por mis palpitaciones superiores al ritmo rockero de los Stones emitido por el Stereo . Cada diez minutos o menos estaba chequeando si por culpa del ruido de la calle o de la música no había oído el teléfono, pero no, no había noticias de ella. Igual creía yo que era más probable que llamara el sábado, ya con el Gerentecasado fuera de distancia.

Y así me dormí, ayudado por un miligramo de valium que siempre tengo a mano ya que soy de tener problemas para relajarme. La calentura acumulada de un par de años con Vicky estaba haciendo mella en mi capacidad de pensar en otra cosa -¿Cuándo te traen fasos?- ¿Mañana? Bien.

Al otro día me desperté a las 10. Lo primero que hice fue mirar el teléfono haber si la pastilla mezclada con el whisky habían echo que no oyera él llamado.
Fea sorpresa me llevé cuando vi que el teléfono estaba apagado. Yo sabía que lo había cargado bien cargado el día anterior, no se podía haber quedado sin baterías. Igual, a pesar de mi conocimiento de los hechos, probé enchufarle el cargador a ver si reaccionaba el aparato, pero no. Uno a veces odia tener razón

Entré en pánico. Seguro que Vicky me estaba tratando de llamar, muerta de ganas de verme hoy, y no podía comunicarse. –Yo creo que tengo uno medio roto, lo fumamos a medias-

A dos cuadras de casa, sobre Salta para el lado de Constitución, hay un lugar de service de celulares. El mío es- ¿era?- muy moderno, pero es- ¿era?-, no muy grande, cómodo. A mí no me gustan con cámaras y todas esas cosas.

El tipo me cayó mal del vamos. Cuando entré al negocio tardó varios minutos en atenderme por estar embobado con una pendeja que dudaba entre los varios colores de fundas para celulares, de 10 pesos, como si se tratara de ropa interior.

El empleado- un gordo baboso, de unos 40 años, de incipiente pelada, pulover en V que dejaba ver su ombligo y pantalón algo caído donde asomaba el principio de la raya de su culo- miraba embelesado el movimiento de la pendeja. Esta estaba buena, debo admitir que al verla más urgencia tenía en que se arreglara mi celular para poder recibir el llamado de Vicky y hacer con ella todo lo que había elucubrado durante tanto tiempo. El gordo y la pendeja eran dos extremos de la inspiración del creador realmente.

Cuando finalmente me atendió le expliqué que no se me había caído ni nada y que no andaba y que lo necesitaba urgente! – y..te dije que estaba roto el faso.., dame otro mate-.

Me dijo que lo dejara, que para el martes o miércoles tenía un presupuesto hecho, y no sé que más porque ya mi mente estaba perdida en el desasosiego. Yo por supuesto que le expliqué nuevamente la urgencia del caso, le hablé de Vicky, le conté toda la historia, pero los plazos no podían acortarse.

En seguida, ante mi desazón manifiesta, ya sí con su mente, su panza y su culo atentos cien por ciento a mí, sabiendo que en mi desesperación no iba a escatimar gastos, me ofreció comprar uno nuevo. Le dije que no tenía plata para eso. Me dijo que podía comprar uno no muy caro. Ahí venden algunos ya usados a los que les ponen el chip del tuyo y listo, conservás tu número, el número que sabía Vicky.

No muy caro eran 170 pesos al contado, lo que para un asalariado simpático como yo era algo lapidario para su economía mensual. Pero no había otra salida así que, previo cambio de chip por parte del gordinflón, me lo llevé.
Caminando para casa obviamente lo prendí, vi aparecer la pantalla, traté de acostumbrarme al nuevo modelo que, a diferencia de mí querido livianito y simple celular, era grande, pesado, de los viejos.
Sí era simple, casi arcaico quizás, ya que sería de los primeros que hubo en el mercado, pero muy pesado. En los artefactos antes se usaban mejores materiales apuntando a una perdurabilidad. Este parecía estar hecho de hierro verdaderamente.

Durante la caminata, después de haber chequeado que no había aún llamado Vicky – seguro estaría durmiendo aun ya que recién era el mediodía- no sabía en qué bolsillo ponerlo y que no molestara, era casi un elemento de gimnasio.- ¿Vamos al patio que hay sol y te sigo contando ahí?-

-Está lindo el solcito- Comí algo, fiambre y fruta, como para llenar el estómago, y me preparé un whisky -no, no bebo tan temprano normalmente—noo, el tetra es veneno macho-

Puse algo de música, Caetano creo, que escuchaba asomado al balcón. Ya a eso de las cuatro o cinco de la tarde empecé a impacientarme ante el no llamado. Iba por el tercer whisky cuando, como hice reiteradas veces, miré el nuevo mamotreto a ver si se me había pasado el llamado, y, créelo, estaba apagado. Otra vez, ya que en este caso no sabía cómo estaba previamente de baterías, lo enchufé con el cargador que me había dado el gordo baboso con la compra, pero muerto no más- ¿no nos podemos sacar la camisa? ¿Por qué? ¡Es una cárcel esto che!.. je je-

Bajé raudo, caminé hasta el negocio de celulares a mil. Cuando llegué el tipo estaba hablando por celular- el de él andaba bien se ve-. Le conté, reconozco que no en buen tono, la situación. Me observó unos segundos, no como hoy a la pendeja, claro, y me dijo que le dé el teléfono. Lo miró, de un lado, del otro, lo abrió, saco la batería, la puso de nuevo, lo cerró, lo enchufó al cargador, lo desenchufó, me miró de nuevo y me dijo “me parece que no anda”.
Después ante mis ojos inyectados de odio dijo que seguramente se me había caído o algo, que lo podía dejar en arreglo, que para el martes....-¿bronceador ni en pedo? Juaaa-

Y sí, lo reputeé. A mí no se me había golpeado ni nada, creo que le dije gordo choto o algo así; el me puteó a mí, gritamos los dos, empezó a entrar gente a ver qué pasaba, cuatro o cinco, la mayoría vecinos de los locales de ahí, amigos de él.

Un poco aconsejado por los que estaban ahí el tipo aflojó y sacó otro teléfono, más o menos parecido al anterior, bien grande e incomodo, aunque evidentemente más viejo aún.
Le cambió el chip de nuevo y me lo dio diciendo que le deje el otro y que venga el martes, todo esto farfullado entre malas palabras. A ese entonces el gordo tenía el pulóver casi por debajo de sus pectorales flácidos y su culo en plena exhibición social. –-Mirá, ahí llegó uno nuevo creo-

Volví a casa. Era probable que en el nuevo aparato viejo no constara la llamada perdida de Vicky, seguro que había intentado varias veces.
Apenas entré me serví otro whisky- me había bajado más de la mitad de la botella a todo esto- ya eran las 7 de la tarde. Traté de bajar la ansiedad y mi éxtasis temperamental con Brian Eno y me senté a esperar el bendito llamado, sentado mirando el hielo que le había puesto al whisky, tomando de a sorbitos pequeños.

Pensaba. Pensaba en que a mis ya casi 40 estaba en la misma situación que había estado mil veces desde los veinte, esperando a una mina como si esta fuera la elegida. Les había puesto virtudes diversas, algunas, como Vicky, eran todas mis fantasías sexuales en una, y eran quizás las que más me duraban. Otras la dulzura, la ternura; otras las que me servían de guía, una organización que yo no tenía; otras solamente llegaban a hacer más amena la espera de una de las anteriores.

Toda mi vida había estado esperando. No me era posible comunicarme realmente con ninguna de ellas. Todas mis relaciones no llegaban a ser el prologo de una. Debajo de una cáscara de tipo simpático y social vivía un hombre incomunicado. Lo que se veía de mí eran solo señales de socorro, de alguien que quiere comunicarse con el exterior, que está en un submarino que no puede emerger, o que quedó olvidado en un éxodo.

Que yo haya hecho depender de un celular endeble un acontecimiento tan deseado no era casualidad finalmente.
Todo esto no hizo que, ya bien borracho, no deseara ese llamado de Vicky como hoy deseamos nosotros esos cigarrillos. Como desean todos que llegue alguien que nos haga ser quienes no podemos ser por nuestra cuenta-

Y el teléfono no sonaba. –¿Así que salió el mes pasado el tipo y ya entra...?-

Ya eran más de las 8 de la noche- había oscurecido-. Estaba totalmente en pedo desde ya. En uno de mis chequeos al telefonograndoteinsonoro, ya espaciados por sólo dos o tres minutos porque me empecinaba en no bajar la música que ahora era Iggy Pop, vi, como si viera en un obituario mi nombre, que estaba apagado. El celular estaba apagado.
De más está decirte que hice todo el procedimiento habitual ya de enchufarle el cargador correspondiente y que ocho cuartos y que aún así no andaba el celular de mierda ese.

Creo que estaba sonando Lust for life –sabías que en realidad es de Bowie ese tema- -ah, no sabés quien es Bowie- -No, la cumbia mucho no me va- después de golpearlo, putearlo, apagarlo, prenderlo, apagarlo, prenderlo- lo miré como miraba las piedras que tiraba al lago Nahuel huapi para hacer patito, y previo gesto de lanzador de jabalina y lo tiré, tratando de exorcizar con esto mi frustración, hacia el lado del balcón. Pude verlo desaparecer por el ventanal. –che, está refrescando, vamos a hacer unos verdes antes de cenar-

Vos sabés que escuché el grito. Fue un grito sordo, contenido, pero igual potente. Dudé unos instantes, pero me asomé a ver qué había pasado con el teléfono, relacionando ya el alarido-esa es la palabra- con la caída del mismo. Y vi una silueta tirada boca abajo, una silueta grande, bien grande. Vi como iba acercándose gente a la silueta, como lo tocaban tratando de ver si qué le había pasado, si tenía vida- si, vamos adentro que está frió ahora-

Sí, adivinaste. Era el gordo. El teléfono irónicamente le partió el cráneo, le hizo un agujero. Lógico, el aparato, ya te había dicho, era bien grande y pesado. Yacía inmóvil a metros de mi balcón, con cada vez más gente a su alrededor, con el pantalón bajo, con el culo para arriba, con una pequeña cartera donde llevaba sus documentos cerca de la mano derecha. Ya empezaba a bullir de su cabeza un reguero de sangre espeso, sangre vacía, pero sangre al fin.

Resulta que el gordo vivía por Congreso, una vez que cerró el negocio fue para su casa. Agarraba por Salta hasta Belgrano normalmente- -ah, si, ahí está Agremiados, te gusta el fútbol—gallina, ¿vos?-

Y, no, mi abogado puesto por el Estado no pudo convencer al Jurado que había sido un accidente. Muchos habían presenciado nuestra discusión, amigos de él casi todos. Dedujeron que yo sabía que pasaba por ahí o que lo vi de casualidad pero que el teléfono se lo tiré apropósito.

También influyó que el gordo forro ese, desagradable ser humano, tenía una familia. Padres que lo querían, que habían depositado sueños en él; una esposa que lo amaba, que lo deseaba, que le había hecho el amor cientos de veces a ese tipo que vi regar de babas por una pendeja el local; hijos que querían ser como su papá. Al Jurado eso lo puso más en contra mío. Yo para el Jurado era un tipo solitario, bebedor- me encontraron mucho alcohol en la sangre- casi sin familia que lo quiera, sin amigos en el barrio. –Si, nos tienen de hijos los bosteros-

Y bueno, acá estoy, igual dicen que veinte años no es nada. Ya me voy acostumbrando, pero cuesta- vení a mi celda que te muestro algo-

Ves, este pedacito de cartón, este es el chip. Se lo di al “Negro Cuchilla” porque tiene un amigo en la SIDE que lo visita y lo revisaron. Nunca llamo Vicki.

Pero viste que increíble, este es en realidad él teléfono, o, en todo caso, el corazón y la mente del teléfono. Solo que sin la carcasa de afuera no puede funcionar. Es como el ser humano al final, tenemos un corazón- bueno, malo, sano, enfermo- pero no sirve de nada sin una caja toráxica que lo contenga, sin todos esos huesos y músculos que lo rodean.
Tenemos una mente, inteligente, estúpida, bien intencionada, perversa- que tampoco sirve de nada sin ese cráneo que la cubre. Sino pregúntale al gordo.

-ahí llaman a comer-

diego keu

7 comentarios:

Unknown dijo...

Dieguito , me gusto Muchisimo!
Publica mas!!!

Leandro dijo...

Muy bueno! Espero más... Yo acabo de publicar una historia de 5 partes... La primera fue hoy...
Abrazo amigo

Y qué habrá sido de la vida de Vicky?

diego dijo...

Estamos rodeados de Vickys Lea!!

Gabriel Bogetti dijo...

Muy bueno el relato, me gusto como mecha la historia con los comentarios mientras lo va contando.

Y la idea muy original.

Saludos

Unknown dijo...

Dieguis, me hiciste reir mucho!!! Sabés que espero la versión de los hechos de Vicky!!!
Un beso

karomdq dijo...

...pensé q sólo las mujeres dejabamos de vivir esperando "esa" llamada.
MUY BUENO!!!!me reí mucho
Espero el próximo (podés usar los nombres reales jajaja)
Un beso

Gaby L dijo...

el gato, Agremiados, los problemas con la tecnología...ese tipo me suena. Hay un curso de guión en tu futuro, creo que ya te lo había dicho pero es bueno recordarlo.
beso